Fue una brisa, nada más una brisa. Se dijo ella una y otra vez como invocando a la desgraciada casualidad que le arrebató sus papeles y el importante ensayo que debía entregar mañana a primera hora.
Fue una brisa, nada más una brisa. Se dijo él mientras oliscaba el fragante aroma de las rosas que entraba por la ventana con ese candor matutino que la primavera brindaba en sus alas de mariposa a los vientos cálidos.
Se fue a tomar una taza de café con leche para despertar y atender las faenas del día con completa alarma. Volvió a su ventana para ver pasar a las mujeres que por este tiempo ataviaban su cuerpo con falsedades que, sin embargo, le resultaban encantadoras. Tomó su café con sorbos parsimoniosos, vigilando la acera como el cuervo vela el grano.
Sus ojos, absortos en la gris imagen, apenas notaron el montón de hojas que entraron desordenadas a su hogar, e incluso cuando él finalmente las notó, no las juntó hasta que terminó su café. Apiló las páginas sin orden alguno, pues para él, esto era basura, así que sólo un destino podría esperarles, pero una de las hojas cayó, y fue así como vio el nombre: Ana.
Ana, para él era un nombre especial, le recordaba aquella canción que sus padres oían cada que sus besos y miradas inspiraban el amor que apenas el divorcio de un año atrás pudo terminar. Ana, sostenía en sus manos el ensayo de una Ana, un ensayo de apenas quince páginas que trataba de explicar Romeo y Julieta, concluyendo que es imposible saber lo que Shakespeare quería decir porque ignoramos lo que sintió al escribirlo. Y aunque el ensayo posiblemente obtendría un ocho, o tan mal le iría que le darían un siete, no pudo negar que tal conclusión era imposible de calificar de tan maravillosa que resultaba.
En la portada del ensayo estaban todos los datos; escuela, salón, clase y profesor, de modo que decidió llevársela mañana a la primera hora, no importándole que él mismo debiera de faltar a la escuela.
Por el otro lado, Ana estaba desesperada, pues, confiada en que su escrito ya estaba impreso, lo borró de su computadora. En su mente no podía dejar de maldecir a la perversa brisa que le llenaba el corazón de angustia. Ahora debía darle explicaciones al profesor para convencerlo de entregar otro día. Pero, apenas al llegar a su clase, ve a una de sus amigas señalando el lugar en el que se encuentra mientras un joven habla con ella, él se le acerca y le dice que encontró su ensayo. Ella se lo agradece mientras recibe los papeles y se va para entregarlo. Así, la prisa destrozó lo que hizo la brisa.
Entonces él, un tanto derrotado, se va, sin notar que su mochila estaba abierta y una foto que tomó cuando tenía dieciséis cayó. Ana, una vez que entregó su escrito, ya más relajada, salió para agradecer al extraño que se molestó en ir hasta su escuela sólo para ayudarla, pero ya no lo encontró; lo que sí halló fue una foto de La Inmolación de Quetzalcoalt, uno de sus monumentos favoritos. La foto era maravillosa, pues unos niños jugueteaban en una fuente que, debido a la luz violácea del ocaso, parecía que estaban en oscuras nubes, al mismo tiempo que los ojos vigilantes de las serpientes dejaban pasar, cada una, un halo de luz, mientras sus presencias apenas eran sombras. La composición era casi imposible de lograr, pero ahí estaba. Al darle la vuelta notó la fecha "marzo de 2002, sábado", así que decidió, sin saber qué esperar, ir este fin de semana esperando verlo.
Muchos recuerdos le traía ese lugar. Una vez se enamoró muchísimo, él era comprensivo con ella, pero finalmente, de la nada, decidió que no debían estar juntos, pues su amor lo arrastraba a la monotonía, la cosa que él más odiaba.
Fue entonces que se deprimió enormidades, su esperanza se agotaba. Una vez, cierta amiga suya, quién sabe cómo, pero logró convencerla de salir, encontrando en el sonido de las aguas de la fuente el confort y la paz que necesitaba y la imagen vívida de las esculturas le otorgó el trueno potente de la sonrisa quieta. Desde ese día, ese lugar es de sus favoritos en el mundo.
Ya era sábado, y ella despertó tan temprano como pudo, sin saber la hora exacta a la que él iría (si iba), pero con una determinación austera decidió que esperaría todo el día de ser necesario.
Era medio día, ya llevaba cuatro horas esperando y un sol desapacible le dio dos o tres pecas a su blanca piel, cuando un flash golpeó sus ojos. Era él. Justo del lado contrario de la fuente estaba él tomando fotos.
Se acercó tímida, pasando sobre el cemento duro y gris que servía de piso, con pasos pequeños que evidenciaban su indecisión, al final, faltándose valor, se retiró, pero su propio nerviosismo la hizo tropezar y caer no muy lejos de él, quien rápidamente fue a ayudarla.
Ella levantó la cara y finalmente se reconocieron el uno al otro, sonriendo a la luz del sol, con sus frentes húmedas como presas.
-Vine a traerte tu foto -dijo ella.
-Yo vine a reponerla.
Y entonces, gracias a la inercia del momento, se besaron. Y de inmediato se hicieron a un lado, pues sus pechos ardían con un fuego que ni el sol en sus pieles podía igualar, pues el amor verdadero es de temer, ya que puede cambiar la vida de cualquiera. Ellos estaban cómodos con sus vidas, y un amor así se las arruinaría para siempre.
Cuatro años después, en una tarde lluviosa de abril (quién sabe por qué llovía ese día), una sombrilla voló, cayendo justo en el pie de él, ella, vestida con un elegante traje negro que dejaba exhibir sus piernas, corría resbalándose por la lluvia, al verla, él también corrió y cayó, mientras Ana lo levantaba y recibía de sus manos la sombrilla.
Esta vez sus labios se oprimieron entre sí sin siquiera pronunciar palabra, fue sólo hasta después que él dijo:
-Hace cinco años cometí el peor error de mi vida, no me dejes cometerlo otra vez.
-No lo haré, esta vez no erraremos.
Aún con la lluvia como testigo de su promesa, decidieron ir al departamento de él para escapar de las gotas, aunque los dos sabían verdaderamente por qué habían ido.
Sus cuerpos desnudos se encontraron en un frenesí erótico. Los muslos mojados de ella levantados por las manos salpicadas de él, y la espalda helada, enfrentada contra la pared de azulejo del baño, y los labios que viajaban de los labios al cuello y del cuello a los labios, y sus miembros, estremecían hasta al alma misma con sus constantes encuentros. Finalmente se fundieron en un orgasmo compartido, que los cambió de dos seres a uno sólo, que afianzó ese vínculo que el beso tan sólo comenzó.
Así, ahora, dos tumbas que yacen juntas aún se expresan gracias a sus obituarios.
"Fue una brisa, nada más que una brisa". "Sí, la mejor de todas".
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sábado, 26 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
UNA MIRADA VIVA DE OJOS MUERTOS (PARTE 4).
La mujer, que arrastra su cuerpo en señal de desesperación, mira directo a la llama, y si sus ojos son fieles a la realidad, la flama sonríe como un gesto de amor y comprensión. Nuevamente levanta esa cara derrotada, cansada, que se ha llenado se surcos por tan terrible dolor, un dolor que el cuerpo está incapacitado para comprender.
"Todo sufrir puede irse, sólo dime qué es lo que deseas, y se irá".
Entonces, finalmente irguiendo ese cuerpo marchito, con la ayuda de la andadera (con la trémula como constante acompañante), mira de frente a la llama, que ha ocultado sus manos.
Su voz tirita, pero su deseo está tan fijo en su mente, que decirlo es incluso redundante, pero esto, que ahora mismo se presenta como su salvador, espera de su voz una petición, y sólo esas palabras son dignas de traer magia.
"Quiero una hija, oh noble señor, mi vida entera encuentra el parangón del cielo en tan dichoso acto, es lo que arrastra mi dormir hasta el sueño o la pesadilla, y si en tu sabiduría tu me concedieses tal favor, mi agradecimiento y mi alma entera estarían contigo".
Entonces la llama esbozó una risilla placentera y volvió a mostrar sus pálidas manos, pidiéndole que se acercara, alejando de ella esa andadera que, sólo por la voluntad de tan eximio señor, era ahora inútil, pues nuevamente era bella y joven, acta para vivir tan maravilloso regalo. En ese momento un llanto celestial se oyó, y aves hermosas, enormes, de alas rojas y cuerpos negros, con una pluma elegante sobrepasando sus cabezas, pusieron en las manos de la mujer a la niña más hermosa que sus (nuevamente) juveniles ojos hubiesen visto. Esa risilla que se ganó con tan sólo sostenerla entre sus manos, sin saber cómo, hacía válidos todos los días de sufrimiento que fueron obstáculos de esta noche.
Cuando besó sus rosadas mejillitas, supo que todo era aceptable con tal de mantener tan tierna niñita entre sus manos y estrecharla contra su pecho. Sin saber que, en efecto, un precio debía pagarse.
"Escúchame bien -dijo la voz-, pues lo que te he dado te puede ser arrebatado, por eso, haz de saber que cuando la niña cumpla los cuatro años de edad, deberás volver aquí, pues en ese tiempo serás capaz de decidir si la pequeña a quien con tanto amor miras, vale el precio que pagarás".
Entonces la mujer se despidió, con lágrimas de felicidad adornando sus diáfanos ojos, agradeciendo al señor de la flama por el hermoso regalo recibido, diciendo para sí misma que cuando el tiempo llegase, estaría dispuesta a pagar el precio que fuera.
"Todo sufrir puede irse, sólo dime qué es lo que deseas, y se irá".
Entonces, finalmente irguiendo ese cuerpo marchito, con la ayuda de la andadera (con la trémula como constante acompañante), mira de frente a la llama, que ha ocultado sus manos.
Su voz tirita, pero su deseo está tan fijo en su mente, que decirlo es incluso redundante, pero esto, que ahora mismo se presenta como su salvador, espera de su voz una petición, y sólo esas palabras son dignas de traer magia.
"Quiero una hija, oh noble señor, mi vida entera encuentra el parangón del cielo en tan dichoso acto, es lo que arrastra mi dormir hasta el sueño o la pesadilla, y si en tu sabiduría tu me concedieses tal favor, mi agradecimiento y mi alma entera estarían contigo".
Entonces la llama esbozó una risilla placentera y volvió a mostrar sus pálidas manos, pidiéndole que se acercara, alejando de ella esa andadera que, sólo por la voluntad de tan eximio señor, era ahora inútil, pues nuevamente era bella y joven, acta para vivir tan maravilloso regalo. En ese momento un llanto celestial se oyó, y aves hermosas, enormes, de alas rojas y cuerpos negros, con una pluma elegante sobrepasando sus cabezas, pusieron en las manos de la mujer a la niña más hermosa que sus (nuevamente) juveniles ojos hubiesen visto. Esa risilla que se ganó con tan sólo sostenerla entre sus manos, sin saber cómo, hacía válidos todos los días de sufrimiento que fueron obstáculos de esta noche.
Cuando besó sus rosadas mejillitas, supo que todo era aceptable con tal de mantener tan tierna niñita entre sus manos y estrecharla contra su pecho. Sin saber que, en efecto, un precio debía pagarse.
"Escúchame bien -dijo la voz-, pues lo que te he dado te puede ser arrebatado, por eso, haz de saber que cuando la niña cumpla los cuatro años de edad, deberás volver aquí, pues en ese tiempo serás capaz de decidir si la pequeña a quien con tanto amor miras, vale el precio que pagarás".
Entonces la mujer se despidió, con lágrimas de felicidad adornando sus diáfanos ojos, agradeciendo al señor de la flama por el hermoso regalo recibido, diciendo para sí misma que cuando el tiempo llegase, estaría dispuesta a pagar el precio que fuera.
jueves, 3 de febrero de 2011
UNA MIRADA VIVA DE OJOS MUERTOS (PARTE 3).
"Nosotros te entendemos, entendemos tu dolor y conocemos la razón por la que vienes, no creas que sólo te ha llamado a ti, nos ha llamado a todos nosotros, a todos nos ha abrazado y llenado de todo su amor. Todos sufríamos los dolores del alma y él nos ha aliviado, cumpliendo nuestros deseos".
Todos los que están bailando paran al escucharse un crujir enorme, como madera que se parte ante el inclemente fuego, un sonido crudo que seguía acompañado de una voz que no envidiaba la fuerza del relámpago.
De entre el fuego una sombra se asoma, es grande, y para cubrirse obliga a la flama a crecer para ocultarse con ella.
Todos entonces agachan las cabezas en señal de respeto, incluso la mujer, quien, aun sin saber qué es lo que está pasando, siente un alivio sublime en el momento que la sombra aparece, incluso comienza a rezar plegarias destinadas al culpable de todo su dolor.
De la flama sale una mano, blanca como las nubes en los días soleados. La mano, una mano que está fría aunque sale de una llama monumental, toca la barbilla de la mujer, que ahora está llena de unas lágrimas gruesas, que al caer al suelo ya están congeladas. La mano levanta la cara de la mujer, y con una voz que ahora suena tierna y llena de amor pregunta: "¿Qué es lo que te hace sufrir? ¿Qué es lo que deseas?"
Todos los que están bailando paran al escucharse un crujir enorme, como madera que se parte ante el inclemente fuego, un sonido crudo que seguía acompañado de una voz que no envidiaba la fuerza del relámpago.
De entre el fuego una sombra se asoma, es grande, y para cubrirse obliga a la flama a crecer para ocultarse con ella.
Todos entonces agachan las cabezas en señal de respeto, incluso la mujer, quien, aun sin saber qué es lo que está pasando, siente un alivio sublime en el momento que la sombra aparece, incluso comienza a rezar plegarias destinadas al culpable de todo su dolor.
De la flama sale una mano, blanca como las nubes en los días soleados. La mano, una mano que está fría aunque sale de una llama monumental, toca la barbilla de la mujer, que ahora está llena de unas lágrimas gruesas, que al caer al suelo ya están congeladas. La mano levanta la cara de la mujer, y con una voz que ahora suena tierna y llena de amor pregunta: "¿Qué es lo que te hace sufrir? ¿Qué es lo que deseas?"
jueves, 13 de enero de 2011
UNA MIRADA VIVA DE OJOS MUERTOS (PARTE 2).
Y así iba la mujer, caminando con una andadera oxidada, que rechinaba con la fuerza de todos los tornillos, soltando su estructura al piso, hermano alguna vez del metal. Llevaba su suéter, grueso, que apenas la calentaba aunque sólo fuera mayo, pero para ella los días serían fríos, son fríos para los que viven en la pena.
Y los gatos maullaban a su paso, y los perros aspiraban su viento como aullidos de lobo, observando a la mujer con sus ojos, brillantes ojos, luces descollantes que se convertían en la única lámpara de la mujer. A esta mujer en pena. Esta ánima en pena, que pasa desapercibida a los ojos del humano, no importando lo lento y cuidadoso que fuera su paso.
Su rostro, rostro de mujer madura, que no vieja, tenía el aspecto macilento del muerto; sus arrugas, provistas en las formas de la angustia, eran demasiadas para su edad, incluso el bozo ya decoraba a la cara derrotada, chupada por el tiempo y con surcos en las mejillas.
El paso lento la dejó en el base de la montaña, una montaña que huele a tierra mojada, donde los grillos acusan canciones quietas, melancólicas que, a su vez, le decían que se alejara, pero la andadera seguía y seguía, marcando sus huellas de hule en los montones de polvo que la erosión se ha molestado en dejar.
No soporta el dolor, quiere llorar apenas da un paso, pero una esperanza loca la dirige, casi por inercia, a la cima, y la voz seguía hablando, azuzando, "debes seguir, tan poco que te falta que desperdiciarías todo flaqueando", y lo último que supo de esa voz fue "escucha".
Y oyó una música de tambores frenéticos, enloquecidos y furiosos. La fuente era una fogata llena de hombres y mujeres cantando, que, al verla, simplemente se dirigieron a ella, la abrazaron por turno y le dijeron: "te esperábamos, bienvenida seas".
Y los gatos maullaban a su paso, y los perros aspiraban su viento como aullidos de lobo, observando a la mujer con sus ojos, brillantes ojos, luces descollantes que se convertían en la única lámpara de la mujer. A esta mujer en pena. Esta ánima en pena, que pasa desapercibida a los ojos del humano, no importando lo lento y cuidadoso que fuera su paso.
Su rostro, rostro de mujer madura, que no vieja, tenía el aspecto macilento del muerto; sus arrugas, provistas en las formas de la angustia, eran demasiadas para su edad, incluso el bozo ya decoraba a la cara derrotada, chupada por el tiempo y con surcos en las mejillas.
El paso lento la dejó en el base de la montaña, una montaña que huele a tierra mojada, donde los grillos acusan canciones quietas, melancólicas que, a su vez, le decían que se alejara, pero la andadera seguía y seguía, marcando sus huellas de hule en los montones de polvo que la erosión se ha molestado en dejar.
No soporta el dolor, quiere llorar apenas da un paso, pero una esperanza loca la dirige, casi por inercia, a la cima, y la voz seguía hablando, azuzando, "debes seguir, tan poco que te falta que desperdiciarías todo flaqueando", y lo último que supo de esa voz fue "escucha".
Y oyó una música de tambores frenéticos, enloquecidos y furiosos. La fuente era una fogata llena de hombres y mujeres cantando, que, al verla, simplemente se dirigieron a ella, la abrazaron por turno y le dijeron: "te esperábamos, bienvenida seas".
lunes, 10 de enero de 2011
UNA MIRADA VIVA DE OJOS MUERTOS.
Tonto el que no entienda.
Érase una vez, hace no mucho y en un lugar no muy lejano, una madre que no podía ser mujer, y sin ser mujer su ser jamás estaría completo. Entrañas marchitas, amoratadas hasta el asco por enfermedad, aliciente perfecto para la huida de los hombres, presentes en las pesadillas de miedosos.
Culpa de Dios es que la madre jamás tuviera hijos. Bastarda, negada, desesperada mujer en busca de su esencia, pero la enfermedad le arrebató de tajo su matriz; con eso sus esperanzas. Las lágrimas de dolor, entonces, se tornaron en blasfemias rabiosas, de las que vuelven alegre al demonio y dan dinero a los curas.
¿Por qué una mujer tan amorosa ha de tener que sufrir la falta de un hijo? ¡Que los irresponsables los tengan, que al mundo se viene a sufrir!
En sus lamentos, recurrentes compañeros de su día a día, una voz llegaba a sus oídos..., no, no era a sus oídos, ni siquiera era su cerebro, pero escuchaba la voz, que le decía con insistencia "ve a la montaña, a la hora en que mi némesis murió".
Una y otra vez la oyó, hasta que le hizo caso y partió, pues mucho la había ignorado ya, y percibía en tal voz la esperanza.
Érase una vez, hace no mucho y en un lugar no muy lejano, una madre que no podía ser mujer, y sin ser mujer su ser jamás estaría completo. Entrañas marchitas, amoratadas hasta el asco por enfermedad, aliciente perfecto para la huida de los hombres, presentes en las pesadillas de miedosos.
Culpa de Dios es que la madre jamás tuviera hijos. Bastarda, negada, desesperada mujer en busca de su esencia, pero la enfermedad le arrebató de tajo su matriz; con eso sus esperanzas. Las lágrimas de dolor, entonces, se tornaron en blasfemias rabiosas, de las que vuelven alegre al demonio y dan dinero a los curas.
¿Por qué una mujer tan amorosa ha de tener que sufrir la falta de un hijo? ¡Que los irresponsables los tengan, que al mundo se viene a sufrir!
En sus lamentos, recurrentes compañeros de su día a día, una voz llegaba a sus oídos..., no, no era a sus oídos, ni siquiera era su cerebro, pero escuchaba la voz, que le decía con insistencia "ve a la montaña, a la hora en que mi némesis murió".
Una y otra vez la oyó, hasta que le hizo caso y partió, pues mucho la había ignorado ya, y percibía en tal voz la esperanza.
viernes, 3 de diciembre de 2010
CARTA DE MI YO OPTIMISTA A UNA MUJER LLORANDO AFUERA DE CATEDRAL.
Me dirás, desde luego, que no es mi asunto, que me mantenga lo más alejado posible de ti, que de momento estás harta de mi género, que de sólo pensar en nosotros te sientes triste y no te dan ganas más que de llorar.
Pero no mandas en mis sentimientos ni mucho menos en mi deseo de escribir esta carta, dirigida a ti, que sé que nunca la leerás, pero es mi forma de agradecerte por recordarme lo maravilloso que es el amor.
¿Maravilloso?, ¿no ves que estoy llorando?, ¿que estoy destrozada? No me vengas, por favor, con esas tonterías cursis. Me dirías, y yo acepto con toda justicia tu observación.
Ahora estás en ese punto, no te pido que lo disfrutes, no me atrevo a ser tan irónico (y me encanta ser irónico), pero vívelo, recuerda que el dolor que ahora sientes es exclusivamente tuyo, es la parte de ti que no se llevará con él, es lo que te dejo, vívelo, tan sólo hazme ese favor.
¿Qué pensarías si te digo que todo estará bien?, no digo que lo que no te mata te hace más fuerte, saliendo de un paro cardíaco nadie es más fuerte, pero aprovecha esta oportunidad para cambiar.
Llámalo hijo de la chingada, vele todos los defectos, dí que todos somos culeros, y sigue adelante (si puedes).
Ahora sigues cuestionándome sobre lo anterior, eso de que el amor es maravilloso, me pides que lo retire, pero no puedo, simplemente no puedo.
¿Recuerdas (esfuérzate) los ojos fijos en los tuyos, esa primera vez que arrojaron sus ropas al piso y no supieron de sí mismos y balbucearon en un lenguaje que va más allá de las palabras?
No sé si pasó, pero me gustaría pensar que antes del llanto hubo risas, hubo sonrisas, y que más de una vez perdieron el día entero en la cama y tuviste orgasmos que incluso en tu llanto te asustan (aprovecha, si quieres, este momento para vengarte, hablando nefarias cosas de su persona, pero recuerda que él puede hacer lo mismo).
El amor es maravilloso porque es un puente (uno de tantos), que el universo colocó en la tierra, un puente que conecta con el cielo y el infierno, abrázalo. Llora, repito, y que él llore si quiere. No te voy a dar la respuesta simplona de que él no te merecía, a lo mejor tú no te lo merecías a él, pero recuerda, esto sí te lo puedo decir: de todos los seres de la tierra sólo nosotros conocemos de emociones.
El amor te hace llorar, ¡llora por amor!, ¿habías llorado así por alguna otra cosa? Sentir es vivir, ¡vive!, aprovecha que puedes y si quieres, recuerda que yo deseo que te recuperes y encuentres de nuevo el amor.
Pero no mandas en mis sentimientos ni mucho menos en mi deseo de escribir esta carta, dirigida a ti, que sé que nunca la leerás, pero es mi forma de agradecerte por recordarme lo maravilloso que es el amor.
¿Maravilloso?, ¿no ves que estoy llorando?, ¿que estoy destrozada? No me vengas, por favor, con esas tonterías cursis. Me dirías, y yo acepto con toda justicia tu observación.
Ahora estás en ese punto, no te pido que lo disfrutes, no me atrevo a ser tan irónico (y me encanta ser irónico), pero vívelo, recuerda que el dolor que ahora sientes es exclusivamente tuyo, es la parte de ti que no se llevará con él, es lo que te dejo, vívelo, tan sólo hazme ese favor.
¿Qué pensarías si te digo que todo estará bien?, no digo que lo que no te mata te hace más fuerte, saliendo de un paro cardíaco nadie es más fuerte, pero aprovecha esta oportunidad para cambiar.
Llámalo hijo de la chingada, vele todos los defectos, dí que todos somos culeros, y sigue adelante (si puedes).
Ahora sigues cuestionándome sobre lo anterior, eso de que el amor es maravilloso, me pides que lo retire, pero no puedo, simplemente no puedo.
¿Recuerdas (esfuérzate) los ojos fijos en los tuyos, esa primera vez que arrojaron sus ropas al piso y no supieron de sí mismos y balbucearon en un lenguaje que va más allá de las palabras?
No sé si pasó, pero me gustaría pensar que antes del llanto hubo risas, hubo sonrisas, y que más de una vez perdieron el día entero en la cama y tuviste orgasmos que incluso en tu llanto te asustan (aprovecha, si quieres, este momento para vengarte, hablando nefarias cosas de su persona, pero recuerda que él puede hacer lo mismo).
El amor es maravilloso porque es un puente (uno de tantos), que el universo colocó en la tierra, un puente que conecta con el cielo y el infierno, abrázalo. Llora, repito, y que él llore si quiere. No te voy a dar la respuesta simplona de que él no te merecía, a lo mejor tú no te lo merecías a él, pero recuerda, esto sí te lo puedo decir: de todos los seres de la tierra sólo nosotros conocemos de emociones.
El amor te hace llorar, ¡llora por amor!, ¿habías llorado así por alguna otra cosa? Sentir es vivir, ¡vive!, aprovecha que puedes y si quieres, recuerda que yo deseo que te recuperes y encuentres de nuevo el amor.
viernes, 26 de noviembre de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO (FINAL)
6:30 de la mañana, hora perfecta para salir al trabajo. Miro a mi alrededor, todo perfecto, con excepción de un ligero desorden. No hay problema, de seguro mi amada novia lo limpia, es tan atenta, y hoy particularmente se ve hermosa, la abstinencia le da ese maravilloso rubor. Apenas se despierta, se prenda de mi cuello como nunca lo había hecho en su vida. "Qué maravilloso fue ayer", me dice, sin duda que la llevé al cine y después fuimos a misa.
Me besa constantemente la mejilla, pero le digo que tengo que volver a trabajar. Me visto, usando un traje negro, de sastre; le doy mis oraciones a Dios, para que me permita embargar una o dos propiedades. Tomo el carro y me dirijo al trabajo, llegando pronto, pues afortunadamente no hay mucho tráfico. Cuando bajo, ahí está ese horrible hombre, le digo que se consiga un trabajo, pero él tan sólo me agradece por mi gentileza de ayer, de seguro le propiné un valioso consejo sobre ser útil a la sociedad, mas noto esa mirada en sus ojos, muy parecida a la que mi amada novia me ofreció, una mirada expectante. ¿Qué pasó ayer?
Cuando llego al trabajo, la música está insoportablemente alta, y para variar es su ruidoso rock, esa espantosa composición de Satán ; les digo que le bajen pero ellos me prepararon una sorpresa, todos juntaron para regalarme un saco hermosísimo, por mi generosidad. No lo niego, me conmuevo hasta las lágrimas. Ellos me dicen que ya llamaron a mi novia y que nos invitan a cenar, todo por lo de ayer.
¿Qué pasó ayer?, todos tienen la misma mirada, como si me amaran, como si yo tuviera un encanto único (aunque una impertinente voz dentro de mí dice: "como si por lo menos lo tuvieras").
En la cena todos nos divertimos, y siento una presión en el pecho, y sonrío sin tener tiempo de objetar: Un gozo enorme me llega ¿Es que soy ahora verdaderamente feliz, es que por fin todos me quieren?
Cuando volvemos a la casa ella me dice que ama la persona que soy ahora, que todos me amaban como nunca por lo de ayer.
Yo no sé qué pasó ayer, pero ayer es el mejor día del resto de mi vida.
Fin
Me besa constantemente la mejilla, pero le digo que tengo que volver a trabajar. Me visto, usando un traje negro, de sastre; le doy mis oraciones a Dios, para que me permita embargar una o dos propiedades. Tomo el carro y me dirijo al trabajo, llegando pronto, pues afortunadamente no hay mucho tráfico. Cuando bajo, ahí está ese horrible hombre, le digo que se consiga un trabajo, pero él tan sólo me agradece por mi gentileza de ayer, de seguro le propiné un valioso consejo sobre ser útil a la sociedad, mas noto esa mirada en sus ojos, muy parecida a la que mi amada novia me ofreció, una mirada expectante. ¿Qué pasó ayer?
Cuando llego al trabajo, la música está insoportablemente alta, y para variar es su ruidoso rock, esa espantosa composición de Satán ; les digo que le bajen pero ellos me prepararon una sorpresa, todos juntaron para regalarme un saco hermosísimo, por mi generosidad. No lo niego, me conmuevo hasta las lágrimas. Ellos me dicen que ya llamaron a mi novia y que nos invitan a cenar, todo por lo de ayer.
¿Qué pasó ayer?, todos tienen la misma mirada, como si me amaran, como si yo tuviera un encanto único (aunque una impertinente voz dentro de mí dice: "como si por lo menos lo tuvieras").
En la cena todos nos divertimos, y siento una presión en el pecho, y sonrío sin tener tiempo de objetar: Un gozo enorme me llega ¿Es que soy ahora verdaderamente feliz, es que por fin todos me quieren?
Cuando volvemos a la casa ella me dice que ama la persona que soy ahora, que todos me amaban como nunca por lo de ayer.
Yo no sé qué pasó ayer, pero ayer es el mejor día del resto de mi vida.
Fin
domingo, 14 de noviembre de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO (PARTE 6)
Ya voy, con un pinchi trajecito sastre remamón, de lana, y unos calzones que el rependejo usa dizque para que se le paren las nalgas (aunque él no es superficial), y están tan cortitos, que ya se me botó un huevo, y, como el pantalón es de lana, ahí ando rascándome a cada rato; ni puedo conducir así, pero bueno, que al cabo no falta mucho, así que, cuando ecuentre un estacionamiento, dejo el carro y me subo al camión. Pero cuando me subo, este cuerpo sufre de horribles nauseas, pero me las aguanto. Me bajo y un hombre ya me espera con una cara sonriente y un sombrero para las limosnas, pero cuando me ve, hace una mueca de desagrado y me dice "por todos los cielos, no me vuelva a dar una plática sobre el trabajo y mi ausencia de uno, o de lo importante que es ser útil a una sociedad que me quitó mucho dándome nada". Yo sólo lo miro y le doy una moneda que está en mi bolsa, y le respondo "que te aproveche, amigo", le doy una palmada en la espalda y, mientras me voy, él me dice, "Dios te lo pague, amigo, porque yo no tengo con qué", aunque me pregunto si lo dijo por la moneda o por la falta de sermón.
Llego a una fina oficina, todos visten de traje y liberan un suspiro, muestra firme de su molestia, así que bajan el volumen de la música y el ambiente se apaga, pero yo prendo el estéreo, abro una bolsa de papitas y digo: "cabrones, ya es una chinga trabajar, no nos chinguemos los unos a los otros con caras largas y aburrimiento, yo sé que así vamos a chambear mejor". Todos me vieron con extrañeza y finalmente nos pusimos a platicar un rato; rieron como nunca en sus vidas y yo me sentí feliz. En la hora del almuerzo yo invité la comida y posteriormente fueron al lugar que este cabrón jamás les hubiera dejado entrar sin una buena charla.
Después me dicen que tengo que ir a hacer un desalojo, y voy con pesar. Me dicen que esta gente no pagó el último cobro, pero ellos aseguran que sí, y yo veo en sus ojos que dicen la verdad, así que entro a la casa y busco el recibo como loco, lo encuentro, pero no en la casa, sino en el portafolios de uno de los hombres del banco, pues ellos querían la casa porque ese terreno les convenía. Me agradecen todos menos los banqueros, a quienes amenazo con mandar la información que tenía sobre ellos si no dejaban en paz a esa familia, ellos huyen despavoridos, como si este pendejo de veras les tuviera muchos secretos. Los compañeros de trabajo me ven y aplauden.
Llego a la casa y la encuentro, a la novia. Le recito hermosos poemas y finalmente cogemos como locos, ella sonríe y me pide más poemas, yo se los doy y quedamos abrazados hasta el amanecer, ella nunca despega su mejilla de mí, y una luz me dice que ya por fin puedo ir al paraíso, y acepto ir, dejando solo al hombre sin encanto.
Llego a una fina oficina, todos visten de traje y liberan un suspiro, muestra firme de su molestia, así que bajan el volumen de la música y el ambiente se apaga, pero yo prendo el estéreo, abro una bolsa de papitas y digo: "cabrones, ya es una chinga trabajar, no nos chinguemos los unos a los otros con caras largas y aburrimiento, yo sé que así vamos a chambear mejor". Todos me vieron con extrañeza y finalmente nos pusimos a platicar un rato; rieron como nunca en sus vidas y yo me sentí feliz. En la hora del almuerzo yo invité la comida y posteriormente fueron al lugar que este cabrón jamás les hubiera dejado entrar sin una buena charla.
Después me dicen que tengo que ir a hacer un desalojo, y voy con pesar. Me dicen que esta gente no pagó el último cobro, pero ellos aseguran que sí, y yo veo en sus ojos que dicen la verdad, así que entro a la casa y busco el recibo como loco, lo encuentro, pero no en la casa, sino en el portafolios de uno de los hombres del banco, pues ellos querían la casa porque ese terreno les convenía. Me agradecen todos menos los banqueros, a quienes amenazo con mandar la información que tenía sobre ellos si no dejaban en paz a esa familia, ellos huyen despavoridos, como si este pendejo de veras les tuviera muchos secretos. Los compañeros de trabajo me ven y aplauden.
Llego a la casa y la encuentro, a la novia. Le recito hermosos poemas y finalmente cogemos como locos, ella sonríe y me pide más poemas, yo se los doy y quedamos abrazados hasta el amanecer, ella nunca despega su mejilla de mí, y una luz me dice que ya por fin puedo ir al paraíso, y acepto ir, dejando solo al hombre sin encanto.
martes, 9 de noviembre de 2010
...Y SE MURIÓ DE ABURRIMIENTO
Era peculiar (y vaya, que eso viniendo de él era cosa rara) que Jesús Urreta husmeara en los sueños de los demás, no porque no pudiera, sino porque le parecía de un terrible gusto andarse metiendo en las cabezas para averiguar asuntos que en lo más mínimo le importaban. A veces, sin embargo, el aburrimiento llegaba, y ni sus numerosos libros o sus costosos videojuegos lograban captar la atención. Lo que pasa es que finalmente no sería el único en leer ese libro o jugar el mismo juego que estaba jugando. Sin embargo, cuando un famoso escritor de novela fue a dar una conferencia sobre su nuevo libro a su universidad, y lo hacía entrando al auditorio, con esas mesitas de madera pintadas en un arrogante azul que, con excepción de estos días, lloraban su soledad, se internaba pues en el sitio y con una camisa de tela corriente, en la que reconocía el emblema de la saga Star Wars, y se acercaba a saludar a cuantos presentes le daban la bienvenida. Muchos, a decir verdad, nada más iban por que se les presentaba la oportunidad de faltar a clases, y esas oportunidades se abrazan como un novio celoso abraza a su pareja: con fuerza asfixiante.
Para Jesús, sin embargo, era un buen momento para ver si la hechicería, que hizo una mañana por mero hobby mientras su novia se arreglaba el cabello, funcionaba.
Dirigió su mirada hacia el hombre de los ojos profundos y risa quieta, puso sus dedos sobre sus propias sienes (¿no es algo que se hace siempre que se quiere entrar en la mente de alguien?) y esperó a que algo pasara mientras los demás lo veían como si fuera loco. Se enfadó de tener las manos levantadas, pero, cuando finalmente las bajó, lo vio, a un hombre cabalgando mientras disparaba plomo hacia atrás, donde unos bandidos arrastraban por el piso a un joven inocente que lloraba amargas oraciones, de ésas que se hacen cuando se quiere alcanzar el perdón, pues la salvación se ve inalcanzable. El vaquero, adornado por una gabardina de cuero, tan sucia y descocida que jamás se creería que lleva apenas dos meses con ella, dispara en forma tan certera que de un solo disparo mata a un villano y libera al inocente, después, con una pirueta que raya en lo inverosímil, mata a los demás, quedando a solas con el hombre a quien besa cariñosamente en los labios.
Le pareció un sueño enteramente divertido, pero jamás volvería a meterse en una mente ajena.
Esa promesa duró hasta el día en que se encontró con el compositor y líder de una de sus bandas favoritas, y en él percibió melodías e imágenes tan raras como una guitarra tocada por un pegaso de manos humanas.
Lo hizo con un cineasta para ver escenas de su próxima película (espérela).
Pero tal vez sea la primera ocasión en que sus botezos como de animal le hagan notar lo aburrido que está, y por eso, por aburrimiento, está listo para ver nuevamente qué es lo que se encuentra en las mentes ajenas.
Se suponía que debía encontrar a sus amigos en una cafetería, pero, como primero debió ir al centro comercial a hacer un pago, llegó mucho más temprano de lo que debería, tanto así que ya llevaba una hora ahí y aún faltaba una más para que ellos llegaran.
Le pareció bien, entonces, hurgar en los sueños de la dama de a lado, pero en ella simplemente observó la aburrida relación con sus padres y la que tenía con su novio; a futuro, imaginaba estar casada con él, tener un buen trabajo, familia e hijos. Después vio al señor que cobraba, y en él, vio una imagen con su hijo, jugaban fútbol, él crecía, terminaba la carrera, se casaba, tenía buen trabajo, una casa y un hijo.
Pensó que ya estaba bueno de adultos, y dirigió su atención a un niño, quien soñaba que era escogido por un importante equipo de fútbol, conocía a una mujer con la que se casaba, y debido a que ya tenía un trabajo bien pagado, compraba una mansión y tenía un hijo. Fue entonces con una joven dark, quien imaginaba que todos quienes le han hecho daño morían de forma cruel, y le llenó de alegría ver que ella no soñaba lo mismo que los demás, pero vio todo eso como una etapa, al final..., adivinaron: trabajó, casa, casarse, hijos.
Salió corriendo del café, esperando a alguien con sueños diferentes, pero sólo encontró versiones del mismo sueño, por donde quiera que buscara, pues tenía fe en la gente, pero su fe se fue al caño.
Una hora después, encontrándose en el lugar citado los amigos de Jesús, y sin avistamiento de él, se acercaron unos paramédicos preguntando por los camaradas de Jesús Urreta (pues él, cuando aún hablaba, les dijo que ahí los encontrarían), ellos contestaron que lo eran, que lo conocían desde hace años. Los servidores públicos dieron la noticia de la desafortunada muerte de Jesús, y cuando uno de ellos preguntó, con lágrimas honestas y diáfanas, cuál era la causa de la muerte, los paramédicos contestaron.
-No sabemos cómo, pero su amigo murió de aburrimiento.
Para Jesús, sin embargo, era un buen momento para ver si la hechicería, que hizo una mañana por mero hobby mientras su novia se arreglaba el cabello, funcionaba.
Dirigió su mirada hacia el hombre de los ojos profundos y risa quieta, puso sus dedos sobre sus propias sienes (¿no es algo que se hace siempre que se quiere entrar en la mente de alguien?) y esperó a que algo pasara mientras los demás lo veían como si fuera loco. Se enfadó de tener las manos levantadas, pero, cuando finalmente las bajó, lo vio, a un hombre cabalgando mientras disparaba plomo hacia atrás, donde unos bandidos arrastraban por el piso a un joven inocente que lloraba amargas oraciones, de ésas que se hacen cuando se quiere alcanzar el perdón, pues la salvación se ve inalcanzable. El vaquero, adornado por una gabardina de cuero, tan sucia y descocida que jamás se creería que lleva apenas dos meses con ella, dispara en forma tan certera que de un solo disparo mata a un villano y libera al inocente, después, con una pirueta que raya en lo inverosímil, mata a los demás, quedando a solas con el hombre a quien besa cariñosamente en los labios.
Le pareció un sueño enteramente divertido, pero jamás volvería a meterse en una mente ajena.
Esa promesa duró hasta el día en que se encontró con el compositor y líder de una de sus bandas favoritas, y en él percibió melodías e imágenes tan raras como una guitarra tocada por un pegaso de manos humanas.
Lo hizo con un cineasta para ver escenas de su próxima película (espérela).
Pero tal vez sea la primera ocasión en que sus botezos como de animal le hagan notar lo aburrido que está, y por eso, por aburrimiento, está listo para ver nuevamente qué es lo que se encuentra en las mentes ajenas.
Se suponía que debía encontrar a sus amigos en una cafetería, pero, como primero debió ir al centro comercial a hacer un pago, llegó mucho más temprano de lo que debería, tanto así que ya llevaba una hora ahí y aún faltaba una más para que ellos llegaran.
Le pareció bien, entonces, hurgar en los sueños de la dama de a lado, pero en ella simplemente observó la aburrida relación con sus padres y la que tenía con su novio; a futuro, imaginaba estar casada con él, tener un buen trabajo, familia e hijos. Después vio al señor que cobraba, y en él, vio una imagen con su hijo, jugaban fútbol, él crecía, terminaba la carrera, se casaba, tenía buen trabajo, una casa y un hijo.
Pensó que ya estaba bueno de adultos, y dirigió su atención a un niño, quien soñaba que era escogido por un importante equipo de fútbol, conocía a una mujer con la que se casaba, y debido a que ya tenía un trabajo bien pagado, compraba una mansión y tenía un hijo. Fue entonces con una joven dark, quien imaginaba que todos quienes le han hecho daño morían de forma cruel, y le llenó de alegría ver que ella no soñaba lo mismo que los demás, pero vio todo eso como una etapa, al final..., adivinaron: trabajó, casa, casarse, hijos.
Salió corriendo del café, esperando a alguien con sueños diferentes, pero sólo encontró versiones del mismo sueño, por donde quiera que buscara, pues tenía fe en la gente, pero su fe se fue al caño.
Una hora después, encontrándose en el lugar citado los amigos de Jesús, y sin avistamiento de él, se acercaron unos paramédicos preguntando por los camaradas de Jesús Urreta (pues él, cuando aún hablaba, les dijo que ahí los encontrarían), ellos contestaron que lo eran, que lo conocían desde hace años. Los servidores públicos dieron la noticia de la desafortunada muerte de Jesús, y cuando uno de ellos preguntó, con lágrimas honestas y diáfanas, cuál era la causa de la muerte, los paramédicos contestaron.
-No sabemos cómo, pero su amigo murió de aburrimiento.
domingo, 24 de octubre de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO. (PARTE 5.)
Un frío aterrador se escurría como roedor pervertido por entre mis venas y más allá, crispando mis nervios, pues un vacío profundo estaba presente ante mí, un vacío enorme, abarcando incluso lo que mi vista no se atrevía a ver, la profunda oscuridad de lo escaso. Y es que me lo debía de esperar; estaba en su cerebro. Caminé por el equivalente de unos tres kilómetros, cansándome, claro está.Pero por fortuna, este cabroncito tenía instaladas líneas de comfort al través de todo su encéfalo, pues de hecho, eso es lo que más tenía en su mente, pero jamás se permitió convertirlo en algo más que trazos, elementos existentes que han tratado de ser bloqueados pero, por la propia fuerza que ejercen sobre el sujeto, jamás pueden desaparecer. Se traduce tan simple como leer diálogos entre líneas (de ahí la forma), algo que no se quiere decir y sin embargo queda presente, evidente de hecho. ¿Cuál es la razón de que esto quede como líneas? Sencillo, la mayor parte de la mente de este sujeto está ocupada por dos partes que se encuentran en sempiterno conflicto: estatus y moral.
La lucha se originó hace mucho tiempo si no me equivoco, desde su simple niñez, desde antes de que lo conociera, de hecho. ¿Cómo lo sé? Un fulano de aquí me acaba de regalar un folleto con la historia de este tipo.
Al parecer su padre siempre hizo lo posible para darle a su familia todo lo que quisieran, y su madre iba a la iglesia y se daba golpes de pecho cada que un pensamiento impuro llegaba a su cabeza (aunque eso nunca la detuvo a la hora de pedirle cosas a su marido). La mujer fue terriblemente demandante y el padre extremadamente consentidor, de modo que comenzó a hacer fraude para cumplirle todos los caprichos. Cuando su hijo se dio cuenta de lo que hacía, él dijo que haría todo para que su familia viviera feliz y tranquila, y su madre, que le implantó la nobleza de la castidad, le dijo que lo que su padre hacía no estaba bien, pero deberían de estar con él porque lo amaban (esto lo decía mientras se probaba un anillo de diamantes). Entonces se confundió para siempre.
He llegado al centro de mando de encanto. Mi terrible misión comienza, empezando por su trabajo.
La lucha se originó hace mucho tiempo si no me equivoco, desde su simple niñez, desde antes de que lo conociera, de hecho. ¿Cómo lo sé? Un fulano de aquí me acaba de regalar un folleto con la historia de este tipo.
Al parecer su padre siempre hizo lo posible para darle a su familia todo lo que quisieran, y su madre iba a la iglesia y se daba golpes de pecho cada que un pensamiento impuro llegaba a su cabeza (aunque eso nunca la detuvo a la hora de pedirle cosas a su marido). La mujer fue terriblemente demandante y el padre extremadamente consentidor, de modo que comenzó a hacer fraude para cumplirle todos los caprichos. Cuando su hijo se dio cuenta de lo que hacía, él dijo que haría todo para que su familia viviera feliz y tranquila, y su madre, que le implantó la nobleza de la castidad, le dijo que lo que su padre hacía no estaba bien, pero deberían de estar con él porque lo amaban (esto lo decía mientras se probaba un anillo de diamantes). Entonces se confundió para siempre.
He llegado al centro de mando de encanto. Mi terrible misión comienza, empezando por su trabajo.
lunes, 4 de octubre de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO (PARTE 4)
Nos vemos a los ojos por mucho rato, apenas y nos podemos dirigir palabra alguna, pero él se va rápidamente para chequearse la vista, pues ignora que lo que ven sus ojos es completamente real. No puede creer en fantasmas porque éstos no son útiles, de modo que mi existencia fantasmal no está justificada de ningún modo, pero ahí estoy. Toma su teléfono y del otro lado del auricular está su psicólogo, quien le recuerda que no es normal ver esas cosas, y si las ve, es porque ha dejado de ser una persona normal, con lo que se aleja del ideal que ha hecho de sí mismo.
Me mira y actúa como si yo no estuviera ahí, pero, por primera vez en su vida, su novia le dice que ella me está viendo, con lo que todas las dudas se disipan.
-Así que todo el afecto que me tienes te ha retenido aquí, pues no me sorprende, soy un hombre admirable digno de ser amado -dijo él.
-No mames, cabrón- le respondí-, a ti ni tus amigos te quieren, nomás te tratan bien porque tienes dinero, pero ellos hablan a tus espaldas como tú hablas a las suyas.
-¡A poco son tan gachos!.. Digo, entonces deben decir cosas amigables de mí, expresándose con palabras afables y amorosas, con la dicción y léxico que representa a un caballero -comenta con voz y pose ensayadas-. Seguro que vienes por un consejo entonces, pues bien, pregunta; siempre he estado dispuesto a corregir todas tus dudas.
-Pues yo nunca he querido expresártelas.
-Entonces no entiendo, ¿por qué estás aquí?
Una luz pasa a través de su novia y una voz varonil sale de sus labios.
-Si por una razón has sido retenido es porque este hombre sin encanto ha pedido al cielo un deseo, y es el de por fin tener carisma.
"Tratamos de colocárselo en el cerebro pero nunca lo encontramos, al parecer este ser se mueve únicamente por la inercia de la vida, misma que se adquiere tan sólo por nacer.
"Ahora sólo tiene un cuerpo, todo él se puede traducir así de fácil, por ende, para darle encanto, pensamos que alguien podría poseer su cuerpo para que en la memoria de sus amigos y amores, por lo menos, quede el recuerdo del embeleso. Pudo ser cualquiera, pero su inconsciente te eligió, ahora voy a hacer el proceso.
Y así empezó mi difícil tarea por darle encanto a quien no lo tenía.
Me mira y actúa como si yo no estuviera ahí, pero, por primera vez en su vida, su novia le dice que ella me está viendo, con lo que todas las dudas se disipan.
-Así que todo el afecto que me tienes te ha retenido aquí, pues no me sorprende, soy un hombre admirable digno de ser amado -dijo él.
-No mames, cabrón- le respondí-, a ti ni tus amigos te quieren, nomás te tratan bien porque tienes dinero, pero ellos hablan a tus espaldas como tú hablas a las suyas.
-¡A poco son tan gachos!.. Digo, entonces deben decir cosas amigables de mí, expresándose con palabras afables y amorosas, con la dicción y léxico que representa a un caballero -comenta con voz y pose ensayadas-. Seguro que vienes por un consejo entonces, pues bien, pregunta; siempre he estado dispuesto a corregir todas tus dudas.
-Pues yo nunca he querido expresártelas.
-Entonces no entiendo, ¿por qué estás aquí?
Una luz pasa a través de su novia y una voz varonil sale de sus labios.
-Si por una razón has sido retenido es porque este hombre sin encanto ha pedido al cielo un deseo, y es el de por fin tener carisma.
"Tratamos de colocárselo en el cerebro pero nunca lo encontramos, al parecer este ser se mueve únicamente por la inercia de la vida, misma que se adquiere tan sólo por nacer.
"Ahora sólo tiene un cuerpo, todo él se puede traducir así de fácil, por ende, para darle encanto, pensamos que alguien podría poseer su cuerpo para que en la memoria de sus amigos y amores, por lo menos, quede el recuerdo del embeleso. Pudo ser cualquiera, pero su inconsciente te eligió, ahora voy a hacer el proceso.
Y así empezó mi difícil tarea por darle encanto a quien no lo tenía.
lunes, 20 de septiembre de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO (PARTE 3)
Me quedo en su casa, no parece que haya algún modo de salir de aquí de todos modos.
Permanezco en silencio, la mujer se masturba como si un fuego poderoso se posara en su clítoris y el batir audaz de su mano sosegara tal ardor. Voy a darle el gusto que aquel pendejo no le dio, pero desgraciadamente no soy sólido, no puedo cogérmela, así que solamente observó, absorto ante la devoción de una mujer caliente con su apetito sexual. Termina, como siempre en estos casos, en los dos sentidos de la palabra. Da un salto monstruoso al percatarse de mi presencia, apenas puede respirar, y a la humedad que acababa de recibir se une una segunda, me ve y me reconoce y, por raro que parezca, establece una conversación conmigo.
"Eres tú, ¿qué haces aquí?", pregunta, con esa cara de pendeja que se encuentra debajo de todo el maquillaje. Le explico que el tarado de su novio me está reteniendo por razones que se me escapan. Ella anuncia que tal vez mi afecto hacía él me retenga allí, pero yo al pendejo ya no le tenía ningún aprecio. Entonces dedujo que tal vez quería, yo a él, pedirle un último consejo.
Ay mija, pobrecita, estás bien pendeja, no cabe duda que son el uno para el otro, siempre lo han tenido en alta estima porque el idiota es un perico de voces cotidianas. Si quiero sus respuestas más sabias, basta con abrir un libro de Marx y tal vez uno de Smith, que son los únicos que se sabe porque hablan de la cosa que más ama en el mundo: dinero. Claro que a Marx lo lee misteriosamente incompleto.
Ella me dice que me equivoco, que es un hombre maravilloso que sólo piensa en su familia y amigos. Yo le digo que nada hay de admirable en amar a quien nos ama y mucho hay de despreciable en lastimar a quien ignora nuestra existencia. Ella, pendeja claro está, me dice que su amor nunca ha hecho daño a nadie, argumenta que si le quita sus casas a los pobres es sólo por su trabajo, y yo le digo que entonces sobra que le encante su trabajo, y vaya que le fascina.
Ella dice que no puede verlo de otra forma más que con amor, pues lo que ha querido le ha sido concedido y yo doy el golpe maestro diciendo que todo exceptuando el pito.
Así, quedamos horas en silencio, ella sólo preparándole la comida y yo tomando la única sabiduría que de él podría tomar, la de los libros, en eso llega él y finalmente me ve, un tanto inquietado, un tanto asustado.
martes, 17 de agosto de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO (PARTE 2)
Y ahí va el hijo de la chingada, recatado y cuidadoso, como siempre, que ni uno solo de sus escasos cabellos quede fuera de lugar. Ni se percata de mi presencia. Muy ocupado. La imagen en el espejo (que él ve hermosa, pero si fuera hermoso, ¿por qué sería tan cuidadoso con su apariencia?) ocupa toda su atención.
Hace gárgaras con las aguas más finas de los manantiales más exóticos, como si ésos no fueran también hijos indirectos de nuestros miados, al fin y al cabo todo es uno en el fondo.
Tiene una foto colgada orgullosa sobre su cama, que comparte una mujer a la cual el maquillaje hace lucir hermosa. La foto es de él con toda su familia, dice amarlos, pero nunca estará conectado verdaderamente con el amor, pues éste es muy poco racional como para prestarle atención, y muy aceptado como para ignorarlo.
Abajo de donde moldea a su yo social está un periódico, abierto en la parte de las críticas literarias, arrugado como si la furia de dos manos hubiese caído sobre él.
Aún no me ve, mucho menos sospecha que mi presencia en su casa se debe a él. A un lado de las críticas están los obituarios. En ambos ha de encontrarse con mi cara. Lloró porque se le mandó hacerlo y rió porque supo confundir las emociones que las novelas y mi muerte le provocaban.
Ya se va a trabajar, hoy le quita a una familia su casa y más vale mostrarles el mejor de sus inmisericordes rostros.
Besa a su novia, que ya tenía la mano debajo de los calzones y las tetas descubiertas; él sólo tiene el gusto de cubrirlas. Pendejo, quiere que la cojas, cabrón, ¿no entiendes? Tan pendejo, no es la vieja más sabrosa del mundo pero bien vale un palo.
Ya se va, y yo ni siquiera sé por qué sigo aquí, y chingada madre, he de tener que aguantar a semejante pendejo para averiguarlo.
lunes, 9 de agosto de 2010
LA HISTORIA DEL HOMBRE SIN ENCANTO.
Lo conocí desde que íbamos a la escuela. En ese entonces no era el soberano pendejo que hoy en día disfraza su idiotez con Armani y pretexta sus pinchis pedas con vino de Borgoña.
No voy a decir tampoco que era un niño ilustre; nunca lo fue, pero por lo menos en esas fechas se reiría de tan sólo ver a alguien como él. Veía caricaturas y tenía por tendencia reír de cosas absurdas.
No, este cabrón nunca fue especial, pero por lo menos nunca fue un pinchi mamón, hijo de una pucha sangrante como cualquiera de nosotros que, a su ver, fue limpiado por años pulcros alejado del órgano maravilloso que nos vio asomar la cabeza.
Educado para ser un rey y chingarse como toda la prole: el perfecto hijo de la sociedad; el sueño húmedo de la patria; la escoria infecta de la humanidad.
Voy a ser neto, nunca esperé que terminara así: lo contemplaba como algo mejor: basurero, barrendero, asistente de maestro suplente, algo menos vergonzoso que un hijo de la Virgen María, mancillando a la gente con sus bienes. Un abogado de primer nivel, con todo el dinero del mundo y con todo el miedo del mundo a la panocha por que deja enfermedades, tal y como una nieve de limón, nada más que la primera se chupa más rico.
No, no eramos amigos..., bueno sí, sí eramos, pero juro por Dios que cuando yo me fui no estaba así, no andaba imitando a los nopales en lo baboso.
Pero ya empiezo pues, que ésta no es la historia de su pasado sino de su ahora.
Me morí hace unos dos meses, y cuando ya me iba derechito al cielo, que me salen con que sí me publican mis dos novelitas, las dos chidas, con un chingo de pitos y conchas pa´entretener a la imaginación y pa´ levantar carpas y humedecer por donde sea (hasta la fecha se me responsabiliza del nacimiento de unos 200 bebés..., pero yo ni los disfruté).
Bueno, resulta que por razón de esto, algún conocido mío no me dejaba ir, imagínense mi sorpresa al descubrir que era él, fue tan desagradable que chillé, y eso que apenas me enteré.
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